Repaso literario: Haruki Murakami

Este sábado será un tanto excepcional, ya que dejaremos los habituales repasos de series yankees y sus estrenos, para volcarnos para el lado de la literatura. Es uno de mis grandes amores, y me pareció que aquel ensayo con los libros de Stieg Larsson había generado una buena repercusión, más allá del debate “Best Seller sí o no”. Veremos qué les parece esta vez. Para arrancar, se me ocurrió hablarles sobre un autor japonés que particularmente me gusta mucho: Haruki Murakami. Puede que muchos lo ubiquen, o que al menos les suene. Si directamente no tienen idea quién es, espero poder darles a conocer a un gran escritor. Murakami logró ser sinónimo de dos definiciones que normalmente no se llevan de la mano, al menos para lo que normalmente se cree: es un autor de culto talentoso y complejo, pero a la vez sus libros se venden como pan caliente. Descubran por qué, si siguen leyendo el resto del post.

Haruki Murakami nació el 12/01/1949 en Kioto, Japón. Se crió en la ciudad de Kobe y creció influenciado por un ambiente cultural, ya que sus padres eran ambos profesores de literatura japonesa, aunque su papá era hijo de un monje budista y su mamá era hija de un comerciante de Osaka. Murakami estudió literatura en la Universidad de Waseda, donde conoció a su esposa Yoko. Su primer trabajo fue en una tienda de discos, ambiente que se reproduce en muchas de sus obras. Luego de graduarse en 1975, decidió abrir su propio local de jazz. Gran amante de la música, casi todas sus novelas tienen alguna referencia musical: ya sea desde el título o al interior de la trama. Murakami debutó como escritor a fines de la década del 70, con los libros “Hear the wind sing” (de 1979, inédita en castellano) y Pinball, 1973 (de 1980, también inédita). Y a partir de ahí no paró. Incluso se dedicó a traducir a grandes autores de la cultura mundial, que también le han servido de influencia, como Raymond Carver, F. Scott Fitzgerald, Raymond Chandler, John Irving, Fedor Dostoievsky, Truman Capote y hasta el argentino Manuel Puig (del que Murakami se considera gran fan). Su éxito a nivel internacional le llegó con “La caza del carnero salvaje” (1982). Más tarde se sumarían parte de sus clásicos, como “Tokio Blues” (que en su versión original lleva el título del tema de los Beatles Norwegian Wood y que fue su primer éxito comercial masivo), “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” (1985), “Al sur de la frontera, al oeste del sol” (1992), “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” (1995), “Sputnik, mi amor” (1999), “Kafka en la orilla” (2002) y demás.

Las historias de Murakami se caracterizan casi siempre por el tinte completamente surrealista, algunas veces humorístico, otras veces trágico, a veces ambos. Leer uno de sus libros es ingresar a un mundo que oscila permanente entre lo real y lo ficticio, entre lo que vivimos y lo que es simplemente un sueño. A pesar de haber recibido numerosos premios (como el Noma o el Tanizaki), muchos de sus colegas lo critican justamente por el hecho de ser un autor de culto, que además vende millones. Le critican, entre otras cosas, ser un amante de la cultura popular, a la que refleja siempre muy a su manera: “Soy un mero trabajador, al que le gusta la cultura popular, mientras que la mayoría de escritores son unos snobs que ni yo les gusto a ellos ni ellos me gustan a mí. Pero creo que voy ganando territorio porque aunque los otros escritores no están de mi lado, los lectores sí”. A Mura le encantan las películas de terror y las novelas de detectives, es fan de la serie Lost (incluso se compró una casa en Hawai, en el mismo lugar donde se rodó la primera temporada), es muy tímido, a punto tal de que odia dar entrevistas, no acude a fiestas, ni celebraciones, ni entregas de premios, no le interesa codearse con el “jet set” literario. Sólo le gusta caminar y sentarse en su compu a escribir. En la Editorial Tusquets, que publicó casi todas sus novelas en Argentina, es posible encontrar la siguiente definición: “Sólo Murakami, con su insondable habilidad para trazar la cartografía de la desazón, podía combinar cyberpunk, novela negra, relato fantástico y reflexión moral a un ritmo trepidante, para devolvernos a un mundo de desolación, ternura e identidades ambiguas.”